Me despierta el sol en la cara. La cabaña se estremece. Un gran bloque de nieve cae del tejado y se estrella contra el suelo. Oigo los regueros de agua que repican en el porche. Permanezco inmóvil, tomando conciencia de mi propio cuerpo, aún sorprendido de que siga vivo, de que el invierno haya pasado y no me haya llevado con él.
Partículas de polvo pasan lentamente, como planetas en órbita, frente a la luz. En un ángulo de la ventana, sobre mi cabeza, se agita levemente una tela de araña.
Con calma, voy enumerando lo que debería hacer: limpiar el tejado y la entrada, cortar leña, abrir todas las ventanas, poner trampas. La primavera trae mucho trabajo, y eso no me asusta... pero después volverá el invierno, seguiré sin matar al lobo, el ciervo seguirá sin acercarse lo suficiente.
En su tela, la araña anda frenética de un lado a otro, reforzando un enganche, alargando otro hilo. Ella también ha tenido que empezar todo de nuevo.
Salgo, siento el abrazo del sol que revive mis músculos, me estiro y grito con fuerza y mi aullido rebota de árbol en árbol y se extiende por toda la montaña. Ahora, ya sin niebla, puedo ver la pequeña mancha gris del pueblo, veo cómo un hilo de humo se eleva y un destello blanco me hace entornar los ojos ¿Alguien pretende decirme algo? Seguro que la cabaña puede verse desde allí, pero ¿quién sabe que estoy aquí... después de tanto tiempo?
Entro de nuevo, sacudiéndome la mente de recuerdos, no tengo tiempo, hay mucho por hacer. Agarro las mantas de mi catre y las lanzo con violencia hacia el otro extremo de la habitación. La tela de araña se queda balanceando por el aire. Pero la araña sigue allí, sujetándose. Cuando la tela deja de moverse, ella vuelve deprisa al trabajo. Qué desperdicio de energía, en unas horas no quedará nada de ella. Decido darle algo más de tiempo y salgo a cortar leña.
Cuando ya tengo el hacha al hombro miro hacia dentro, hacia la ventana por la que miré un mundo hostil durante años, me veo a mí mismo, cada invierno mirando por la ventana, cada día más solo, más viejo. Y quiero sacarme de allí y decirme que salga a cazar al lobo, que salga a correr tras el ciervo. Y me sonrío, a ese que fui yo: tan asustado, con los ojos tan cerrados que no se colaba en mi cuerpo ni un ápice de la luz del mundo.
Tiro el hacha y entro en la cabaña, miro alrededor ¿Qué podría llevarme? ¿Qué es importante? ¿Qué me hará falta? ... nada. Me puedo ir, no dejaré nada atrás. Siento extraña la sonrisa en mi cara, hacía tanto tiempo...
Antes de salir por la puerta, sin un centavo en los bolsillos, miro hacia la ventana, hacia la araña que sigue trabajando y que tendrá suerte si sobrevive una semana aquí. Me acerco y, con mucho cuidado, dejo que me suba por la mano. Pronto, sin que me dé cuenta, se me ha metido por la manga y ha desaparecido. Así está bien: que recorra mi cuerpo a su antojo, que teja su tela en mi pecho, si es lo que quiere. Salgo de la cabaña y cierro la puerta para que nadie pueda entrar jamás, porque nadie ha de vivir aquí.
Bajo por la ladera, hinchando mi pecho con el aire fresco, haciendo resonar mis pasos.
Partículas de polvo pasan lentamente, como planetas en órbita, frente a la luz. En un ángulo de la ventana, sobre mi cabeza, se agita levemente una tela de araña.
Con calma, voy enumerando lo que debería hacer: limpiar el tejado y la entrada, cortar leña, abrir todas las ventanas, poner trampas. La primavera trae mucho trabajo, y eso no me asusta... pero después volverá el invierno, seguiré sin matar al lobo, el ciervo seguirá sin acercarse lo suficiente.
En su tela, la araña anda frenética de un lado a otro, reforzando un enganche, alargando otro hilo. Ella también ha tenido que empezar todo de nuevo.
Salgo, siento el abrazo del sol que revive mis músculos, me estiro y grito con fuerza y mi aullido rebota de árbol en árbol y se extiende por toda la montaña. Ahora, ya sin niebla, puedo ver la pequeña mancha gris del pueblo, veo cómo un hilo de humo se eleva y un destello blanco me hace entornar los ojos ¿Alguien pretende decirme algo? Seguro que la cabaña puede verse desde allí, pero ¿quién sabe que estoy aquí... después de tanto tiempo?
Entro de nuevo, sacudiéndome la mente de recuerdos, no tengo tiempo, hay mucho por hacer. Agarro las mantas de mi catre y las lanzo con violencia hacia el otro extremo de la habitación. La tela de araña se queda balanceando por el aire. Pero la araña sigue allí, sujetándose. Cuando la tela deja de moverse, ella vuelve deprisa al trabajo. Qué desperdicio de energía, en unas horas no quedará nada de ella. Decido darle algo más de tiempo y salgo a cortar leña.
Cuando ya tengo el hacha al hombro miro hacia dentro, hacia la ventana por la que miré un mundo hostil durante años, me veo a mí mismo, cada invierno mirando por la ventana, cada día más solo, más viejo. Y quiero sacarme de allí y decirme que salga a cazar al lobo, que salga a correr tras el ciervo. Y me sonrío, a ese que fui yo: tan asustado, con los ojos tan cerrados que no se colaba en mi cuerpo ni un ápice de la luz del mundo.
Tiro el hacha y entro en la cabaña, miro alrededor ¿Qué podría llevarme? ¿Qué es importante? ¿Qué me hará falta? ... nada. Me puedo ir, no dejaré nada atrás. Siento extraña la sonrisa en mi cara, hacía tanto tiempo...
Antes de salir por la puerta, sin un centavo en los bolsillos, miro hacia la ventana, hacia la araña que sigue trabajando y que tendrá suerte si sobrevive una semana aquí. Me acerco y, con mucho cuidado, dejo que me suba por la mano. Pronto, sin que me dé cuenta, se me ha metido por la manga y ha desaparecido. Así está bien: que recorra mi cuerpo a su antojo, que teja su tela en mi pecho, si es lo que quiere. Salgo de la cabaña y cierro la puerta para que nadie pueda entrar jamás, porque nadie ha de vivir aquí.
Bajo por la ladera, hinchando mi pecho con el aire fresco, haciendo resonar mis pasos.
4 comentarios:
Es perfecto.
Enhorabuena.
Besos, nic
Oye, a tí las estaciones te van al revés. He releído el blog. La maravilla del "buen invierno" que colgaste en Mayo.
Deberías vivir en el hemisferio sur:-)
Nic
Soy sincera: lo he leído todo como si fuera impersonal (la costumbre) hasta que he recordado una araña en una mano y he vuelto a releerlo, pero aún así sigo sin entenderlo (no sirvo para esto) :-)
Supongo que lo importante es que te sientes bien y es primavera en la montaña...
Cambiado, espero que estés contento
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