Una dulce confusión

Esta mañana he creído verte. Estaba echando un vistazo en la librería de la calle Olmos y has pasado como un relámpago. Una cinta negra en el pelo, un paraguas en la mano y una prisa desordenada. Te he seguido un trecho hasta la Plaza de España y he visto que te sentabas junto a uno de esos enormes árboles y sacabas un cuaderno del bolso. No he querido molestarte, no me he atrevido a acercarme y que no fueras tú. Seguías teniendo el sol en las mejillas, la buena estrella en los ojos y ese calor dulce que te salía del pecho.
Pero estabas cansada.

Cansada, supongo, de borrar cada día el barro de las calles, de limpiar el gris de las paredes. Cansada de inundar todo con una riada de colores.
Pero aún tenías la luz.
Y aún tienes, lo sé, la palabra.

Y me tienes a mí, no tan lejos.


¡Lo que necesitas es un donut! uno de esos con virutas de chocolate y con crema de arándanos. ¡O un té que no se acaba! en ese centro comercial para hippies.
¡O una botella de vino! que nos vamos a apretar tú y yo en cuanto vaya.

Un beso muy fuerte. No te voy a dejar escapar, no me lo perdonaría nunca.

2 comentarios:

ataurike dijo...

Pusiste colores en la canción.
Bravo

Anónimo dijo...

Qué bonito... gracias...haces que parezca cierto, quiero decir, eso de llevar la luz, o inundar con colores. Cuando escribes, haces que las personas parezcamos mejores de lo que somos: y eso ya nos hace un poco mejores como personas.
Vinos y tés, cuando vengas nos esperan. (Donuts no por favor, que he engordado un montón!)
un beso y abrazo fuerte! gracias
nic

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