Los chopos discurrían a su izquierda en una fila dispersa, a la derecha podía ver, desde la carretera que bordeaba la montaña, el pueblo de Adriana. Llevaba tanto tiempo pensando en el momento de verla que le parecía estar conduciendo a paso de tortuga.
Las cajas de cartón se tambaleaban con el movimiento del coche. El ruido del motor comenzó a petardear hasta que soltó un gran estruendo y luego un bufido ronco. Luca movió el bigote con fastidio, pensando en sus posibilidades, el coche era prestado y poco sabía él de mecánica. Un pequeño contratiempo no iba a detenerle ahora. Sólo estaba a unos cinco kilómetros del pueblo. No era nada, después de todo el camino que había recorrido hasta ahora. Salió del coche y sacó las cajas de zapatos del maletero. Una vez que las hubo apilado en la cuneta se dio cuenta de que no podría cargar con todas a la vez. Tendría que abandonar algunas. Pero ¿cuáles? Se había pasado dos meses recopilando aquellos zapatos ¿iba a tirar por tierra todo aquel esfuerzo?
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada